ISO ha publicado dos nuevos estándares dentro de su marco de chain of custody: ISO 22095-2:2026, centrado en mass balance, e ISO 22095-3:2026, dedicado a book-and-claim. Ambos se apoyan en ISO 22095:2020, que ya había establecido la terminología y los modelos generales, pero dan un paso más: aterrizan requisitos y guías prácticas para dos esquemas que muchas cadenas ya utilizan y que hasta ahora no contaban con el mismo nivel de armonización internacional.
La noticia es relevante no solo porque amplía una familia de estándares ISO, sino porque confirma una tendencia más profunda: los mercados donde importan atributos como contenido reciclado, origen, bajas emisiones o determinadas características sostenibles están elevando la exigencia sobre cómo se sostienen los claims. ISO presenta estas nuevas partes como referencias transversales para distintos sectores, pensadas para apoyar a organismos de certificación, responsables de política pública y comercio transfronterizo.
Eso importa porque mass balance y book-and-claim suelen aparecer precisamente allí donde la trazabilidad física estricta no siempre es viable o suficiente. En el caso de book-and-claim, la propia ISO explica que el modelo aplica reglas sobre límites del sistema, atribución de flujos, factores de conversión, transparencia, comunicación y claims, y subraya además sus diferencias respecto a mass balance. No estamos, por tanto, ante una discusión terminológica menor, sino ante un esfuerzo por dar más consistencia a metodologías que ya afectan a cómo las empresas justifican atributos a lo largo de cadenas complejas.
Tener datos no es lo mismo que poder demostrar
Para muchas empresas, el reto real no es la ausencia total de información. El problema suele estar en otro sitio: datos repartidos entre varios sistemas, evidencias generadas por terceros, reglas distintas según el esquema de certificación y dificultad para reconstruir de forma coherente qué se puede declarar, con qué respaldo y bajo qué condiciones.
Cuando un claim tiene que resistir una auditoría, una certificación o una revisión comercial seria, esa diferencia entre “tener datos” y “poder demostrar” se vuelve crítica. La publicación de estos estándares empuja precisamente en esa dirección: menos ambigüedad metodológica y más necesidad de evidencia ordenada y defendible.
La estandarización cambia el terreno
También hay una lectura estratégica. La estandarización no elimina por sí sola la complejidad operativa, pero sí cambia el terreno. A partir de ahora, será más difícil tratar mass balance o book-and-claim como simples fórmulas narrativas o administrativas. Si ISO los convierte en marcos más explícitos y armonizados, aumenta la presión para que las organizaciones puedan demostrar:
- integridad
- secuencia
- reglas de atribución
- y consistencia en la cadena de custodia
En otras palabras: la conversación se desplaza un poco más desde la declaración hacia la prueba.
Dónde conecta esto con Averiun
Ahí es donde este movimiento conecta de forma natural con el tipo de problema que Averiun ayuda a resolver. En contextos multi-actor, el valor no está solo en registrar eventos, sino en convertir información dispersa en evidencia verificable que pueda sostener claims, reducir fricción en auditoría y compartirse con control ante terceros.
Los nuevos estándares ISO no resuelven por sí solos esa capa operativa, pero sí dejan una señal clara: en cadena de custodia, cada vez importa menos decir que un atributo existe y más poder demostrar cómo se sostiene.
Más que una actualización técnica
En ese sentido, ISO 22095-2 e ISO 22095-3 no son solo una actualización técnica. Son otra muestra de que la trazabilidad útil ya no se juega únicamente en el dato, sino en la capacidad de convertirlo en una base de evidencia que resista revisión, certificación y coordinación entre múltiples actores. Y esa diferencia, para muchas empresas, va a ser cada vez más decisiva.

Escrito por
Sergio Lugo· CEO
Escribe sobre trazabilidad, operaciones y cómo convertir la veracidad del dato en una ventaja competitiva real.



